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La práctica a realizar consiste en el análisis de un mapa temático en el que se señala qué cuencas se consideran excedentarias (porque sus caudales superan a la demanda de agua) y cuales se consideran deficitarias (porque su demanda de agua supera a los caudales que registra la cuenca).
Las causas que originan esta diferencia en los caudales está directamente relacionada con las cantidades de precipitación que se recogen en España, y que al igual que los caudales disminuye de norte a sur y con la demanda de agua que que hay en cada cuenca.
Esto además está relacionado con los rasgos diferenciados tanto de caudales como de regularidad que presenta cada vertiente.
La vertiente cantábrica se caracteriza por tener unos ríos cortos porque nacen en la cordillera cantábrica, caudalosos y regulares. Las precipitaciones del clima oceánico, donde se emplaza esta vertiente, explican este hecho. Estas precipitaciones son abundantes (superan en algunos puntos los 1000 mm) y regulares (pese a la disminución estival este clima no presenta meses secos o áridos), debido a que está muy expuesta a las borrascas del frente polar que se adentran por el norte y noroeste de la península. Esto produce unos caudales regulares, caudales que además en el verano se alimentan de las crecidas de los ríos de régimen nivo – pluvial que bajan de las montañas cantábricas.
En la vertiente Atlántica se observa una disminución de los caudales de norte a sur. Esto está directamente relacionado con la disminución de las precipitaciones en ese mismo sentido N-S. Las causas son diversas, pero la más importante es que el flujo NW-SE de las masas de aire se va debilitando conforme se desplaza hacia el sur porque éstas se van continentalizando. Además estas cuencas del sur se encuentran al abrigo de los relieves, lo que hace que las precipitaciones también sean menores. Las precipitaciones son intensas en las situaciones atmosféricas del SW, pero éstas son más esporádicas. A todo esto se une que de norte a sur la insolación y las temperaturas aumentan, por lo tanto la evaporación y la evapotranspiración aumentan, haciendo que el agua circulante en superficie sea menor.
Por todos estos motivos los caudales van disminuyendo y se van haciendo cada vez más irregulares, siguiendo la pauta de las precipitaciones.
La vertiente mediterránea presenta unos rasgos similares para todas las cuencas excepto para la del Ebro. En general son ríos cortos, poco caudalosos y muy irregulares. La mayoría de estos ríos nacen en montañas cercanas al Mediterráneo (Cordillera Costero Catalana, Sistema Ibérico, Sistemas Béticos), excepto el Ebro que nace en el Cordillera Cantábrica.
En cuanto a los caudales son escasos si se comparan con los de las otras dos vertientes. Las causas del descenso de caudal de N a S son similares a las de la vertiente atlántica. Estamos en una zona de clima mediterráneo, donde las precipitaciones son escasas e irregulares, y el clima presenta una acusada sequía estival, que se hace más acusada cuanto más al SE nos encontremos. El clima mediterráneo subdesértico puede registrar hasta 6 meses (o más) áridos, y esto queda reflejado en el déficit de caudal de los ríos de las cuencas de esta zona, siendo el mayor el del río Segura, que acumula un déficit de 1702 Hm3.
Además de los ríos como cursos permanentes de agua, en esta vertiente son muy representativos los cursos intermitentes (ramblas, torrentes…) que hacen un aporte de caudal cuando se producen situaciones de precipitaciones torrenciales, generalmente en el otoño. Gracias a las obras hidráulicas se ha conseguido regularizar estos cauces y controlar las inundaciones típicas de esta zona.
En cuanto a los excedentes o déficits de agua, están directamente relacionados con la demanda que de ésta se hace. Como se observa en el mapa, tanto la vertiente cantábrica como la atlántica tienen excedente de agua, mientras que la mediterránea es una vertiente deficitaria porque la demanda de agua que se hace es mayor a los caudales de los que se disponen.
Son diversas las causas que explican este desequilibrio entre demanda y caudales. La primera es la densidad de población que es mayor en la costa mediterránea que en el resto de España, (excepto algunas grandes ciudades del interior como Madrid y Zaragoza) esto hace que la demanda de agua para consumo urbano, que se sitúa en un 14% de media, sea mayor en esta zona que en el resto. Además es en la costa mediterránea en la que se desarrollan con mayor intensidad los cultivos de regadío, que obviamente suponen una demanda de agua mayor que los secanos del interior de la meseta. La agricultura consume el 80% de los recursos hídricos disponibles. A esto hay que añadir, que la demanda de agua para uso industrial (entre un 6% y 10% de media) es mayor en las zonas del país que tienen un mayor desarrollo económico, y que también coincide con la zona del corredor mediterráneo.Por último, hay que destacar que en la zonas de costa, la demanda de agua debido a la actividad turística se multiplica en el verano.
Si se une que la zona del país en las que mayores necesidades de agua hay es la zona que menos precipitaciones registra y de menores caudales, es comprensible el déficit de agua que presentan la mayoría de la cuencas de la vertiente mediterránea. Esta situación no se repite en el resto de cuencas, donde la demanda de agua es menor que los caudales que llevan las mismas.
La buena gestión del agua, el uso responsable y la planificación de obras hidráulicas para retener caudales en las épocas de crecida y poder soltarlos en las épocas de estiaje puede mejorar el balance entre caudales y demanda. Además se están poniendo en marcha otro tipo de obras como las desaladoras y los trasvases para poder aumentar los caudales de las cuencas deficitarias y así satisfacer la demanda de las zonas que más necesidades de agua tienen. Otro aspecto esencial para mejorar el balance hidrológico consiste en promover una gestión correcta de la demanda(reutilizar agua, vigilar usos ilegales, modernizar regadíos, concienciación de la población sobre la escasez del recurso…).