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Tras la entrada de España en la U.E y la superación de la crisis económica de la primera mitad de los años 80 del siglo XX, el país comenzó a convertirse en destino de los flujos migratorios internacionales.
En 1985 España solo contaba con unos 250.000 residentes extranjeros. En la actualidad esta cifra supera ya los 5, 2 millones.
El saldo migratorio de España es claramente positivo, más inmigración que emigración, desde los años 80 del siglo pasado.

En el estudio de la inmigración extranjera en España podemos distinguir dos fases:

1ª FASE: En los años 80 del siglo pasado, la mayor parte de los extranjeros residentes en España procedían de occidente, el centro y el norte de Europa respondiendo a dos motivaciones: jubilados europeos que eligieron España para retirarse y trabajadores de multinacionales eruropeas que se fueron asentando especialmente en Madrid y Barcelona.

2ª FASE: Década de los 90 y los primeros años de nuestro siglo, se caracteriza por la llegada de numerosos ciudadanos de Europa del este, así como latinoamericanos y asiáticos, a la vez continuaba el flujo de norteafricanos.

Aunque los inmigrantes provienen de muy distintos países, ciertas nacionalidades están más presentes en función de la proximidad geográfica y de los lazos históricos y culturales.
Así ahora la mayor parte de los inmigrantes proceden de: Latinoamérica (ecuatorianos, colombianos, peruanos, bolivianos,…) norte de África (marroquíes) y Europa (rumanos, británicos, búlgaros, alemanes,...), también existe un importante colectivo de inmigración asiática, sobre todo chinos.
Dentro de esta población extranjera se diferencian los extranjeros nacionalizados, tras varios años de permanencia en el país, que pasan a ser españoles de pleno derecho; los inmigrantes legales, que obtienen permiso de residencia y mantienen su nacionalidad de origen y los ilegales, más difíciles de contabilizar, que tras las últimas regularizaciones, se cifran en unos 200.000.

CAUSAS DE LA INMIGRACIÓN
Por parte española, influyen varios motivos: necesidad de mano de obra a país del desarrollo económico desde 1995, sobre todo en empleos de baja cualificación (temporeros agrarios y servicios personales), así como ciertas regularizaciones ilegales y reagrupamiento familiar. Además, la proximidad de España a África la convierte en puerta principal de entrada de inmigrantes africanos a Europa, los lazos históricos con América Latina favorecen la llegada de este colectivo y la bondad climática atrae a personas del centro y norte de Europa.
Por parte de los inmigrantes extranjeros, influyen motivos económicos (posibilidades de trabajo o de negocio) y motivos políticos (persecuciones, falta de derechos políticos).

DISTRIBUCIÓN ESPACIAL Y ACTIVIDAD DE LA POBLACIÓN INMIGRANTE
Los extranjeros se concentran en las áreas más dinámicas del territorio español, es decir, donde hay más oportunidades de empleo. Destacan especialmente Madrid junto con el litoral mediterráneo y las islas. No obstante, los inmigrantes han llegado a prácticamente todos los rincones del territorio, la mayor parte se concentra en las grandes ciudades.
También existe un importante número de extranjeros, sobre todo africanos, en áreas rurales con agricultura intensiva. Su localización espacial está muy relacionada con el trabajo que desempeñan.
En general los inmigrantes ocupan puestos de trabajo que no eran cubiertos por la población española. Los ciudadanos del centro y el oeste de Europa ocupan empleos bien remunerados y se localizan sobre todo en Madrid y Barcelona, aunque también en actividades de servicios en áreas turísticas. Los hispanoamericanos realizan actividades preferentemente en el sector servicios, marroquíes y subsaharianos están especialmente representados en la construcción y la agricultura, los europeos del este realizan actividades muy variadas y los chinos se dedican preferentemente al comercio.

CONSECUENCIAS DE LA INMIGRACIÓN

DEMOGRÁFICAS. La llegada de extranjeros ha frenado el proceso de envejecimiento, con tasas de natalidad superiores a la de la población española.

ECONÓMICAS. La inmigración aporta población activa que desempeña las tareas más duras y peor remuneradas, colabora al crecimiento del PIB, aporta más dinero a las arcas públicas del que consume en educación y sanidad, y alivia la carga del elevado gasto en pensiones. Además prestan servicios domésticos que permiten incrementar la tasa de actividad de las familias españolas, especialmente de las mujeres.
La inmigración se relaciona con algunos problemas, como la pérdida de competitividad, la presión a la baja sobre los salarios, la acentuación de la escasa movilidad geográfica de los trabajadores españoles y el aumento del déficit exterior entre otros.

SOCIALES. Han surgido actitudes xenófobas o racistas entre algunos sectores que consideran la inmigración como una invasión que compite por el empleo, consume recursos sociales en perjuicio del bienestar y amenaza la identidad nacional. Por otro lado muchos inmigrantes sufren duras condiciones laborales (bajos salarios, largas jornadas, ausencia de seguros) y malas condiciones de vida en barrios marginales y viviendas de escasa calidad, a lo que se le añade las dificultades que tienen para integrarse debidas a las diferencias culturales, lingüísticas y religiosas.

POLÍTICA INMIGRATORIA ESPAÑOLA
España lleva a cabo una política inmigratoria con el fin de que la inmigración resulte beneficiosa para todas las partes implicadas.
El marco de la política inmigratoria está constituido por la política de asilo e inmigración de la Unión Europea, que supone la creación de un sistema común de asilo y de visados y la cooperación de los países miembros contra la inmigración clandestina mediante el intercambio de información y el control de las fronteras de la U.E; y por la Ley de Extranjería que regula todos los aspectos de la inmigración: entrada al país, derechos y libertades, condiciones de trabajo y procedimiento de expulsión o repatriación.